Lo que aquella tarde había sido nieve, ahora era simplemente una fina lluvia que te acariciaba. Aquel día hacía más frío de lo normal. Abrí la puerta del portal y de mi boca salió un humo blanco que desaparecía en pocos segundos y volvía a aparecer al poco rato: cuando yo respiraba por la boca ya que la nariz estaba paralizada por el frío. Salí para tirar la basura. Miré a ambos lados de la calle y no había nadie, cruce, andando lentamente por culpa del doloroso frío, y lancé la bolsa al container, mojado y sucio. Al volver a cruzar el frío se apodero de mi cerebro e hizo que me concentrara en aquel humo blanco. Escuche un enorme chirrido y noté que algo me golpeaba por el costado. Estaba volando. Volé unos diez metros, que se me hicieron eternos y felices, nada me preocupaba en ese momento, estaba como ausente. Al llegar al suelo ya estaba inconsciente. Había entrado en un profundo sueño sin final, en el que una mano más blanca que la leche, y muy pálida, acariciaba mi pelo suavemente. Alcé la vista y la vi. Era ella. Pese a llevar dos años sin vida estaba a mi lado, cuidándome, queriéndome. Cuando lo comprendí todo, eché a llorar, y ella me consoló...
Mi ángel, mi principio y final... Juntos para toda la eternidad...
Oscar Palenque Garcia
lunes, 17 de diciembre de 2007
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1 comentario:
Te felicito por tu blog.
Muchas gracias, por ser capaz de sorprendernos.
Tu vales muchoooooo.
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