sábado, 22 de noviembre de 2008

La muerte de Dios

La niebla, el vaho, y el humo de mi cigarro hacían un contraste casi lírico. Mientras el tren pasaba volando en llamas sobre mi, dejando atrás un cielo rojizo de otoño, solo un pensamiento rondaba por mi cabeza. Me quedaban pocos minutos de vida, había perdido el tren al infierno y tendría que ir al cochambroso y desnutrido cielo. Suerte que aun tenía en mi poder la paloma negra. Solo necesitaba ensuciar de mis farsas a un alma pura y caritativa, hasta volverla negra como el azufre y llenarla de oscuros pensamientos y malversaciones. Tiré el cigarro y eche a volar en busca de Dios...
Oscar Palenque Garcia

sábado, 26 de julio de 2008

Revoltijo de sentimientos

Daniel paseaba a la luz de la luna. Era casi media noche y la humedad y el sofoco de la ausencia le hacían sentir un sudor frió. Tenia las mejillas rojas y los talones cansados. Acababa de salir de casa a por un solo pensamiento, pero a cada paso que se alejaba de su vida la ropa le pesaba cada vez mas. Empezó a deambular sin rumbo, sin horizonte. Intentaba poner la mente en blanco pero era imposible. El pasado le soplaba en el cuello y hacia que se le erizaran los pelos de los brazos y se le estremecieran los remordimientos. Él sabia que la decisión había sido la correcta, pero unas solas palabras le hacían dudar. El corazón contra la mente. Y no sabia cual estaba de cada parte. Pensaba que el corazón estaría con el pasado, ya que sino los remordimientos se esfumarían, pero no lo tenia claro, o no quería tenerlo tan claro. Aún faltaba mucho para la gran lucha de sentidos, pero tenia que prepararse. Se volvería frió? Duro como una piedra? Insensible? Solo el tiempo lo sabia. Le venían a la mente los dados, la probabilidad. Había sacado un seis pero se decidió por el cinco. Lo que el no sabia era que el seis le dejaba volver a tirar...


Oscar Palenque Garcia

jueves, 5 de junio de 2008

Juego de azar

Abecés pienso que tal vez habría sido mejor hacer caso a mis impulsos, aunque, después de tanto tiempo aguantando-los, porque tirar ahora la toalla y disfrutar por un tiempo? si después, al llegar el final, que tarde o temprano llega, todo lo logrado, o ganado, se iría por la borda? Es una sensación extraña. Con los sentimientos nunca se sabe, a veces crees que sientes algo y decides hacer caso a tus impulsos, y resulta que te estabas equivocado, que aquello que sentías en realidad era otro sentimiento, no muy lejano al otro, pero con bastantes diferencias. En un juego de azar, a veces aciertas y sientes la felicidad momentanea, la real, y a veces te arrepientes. La cuestión es: es mejor hacerlo y luego arrepentirse? Ya por haberlo jodido todo, o bien, no hacerlo, y arrepentirte siempre, y quedarte con la duda de, y si? El ser humano es muy impredecible, y por eso es tan bello. Pero cuando cierro los ojos y veo lo que podría haber sido, me arrepiento de no haber hecho ese y si. Pese a ello, luego vuelvo a la realidad y en el fondo, muy en el fondo, y superficialmente hablando, me siento orgulloso de mi mismo y satisfecho de mis actos, no todos, pero si una mayoría. No hay que tentar a la suerte y mucho menos jugar con los sentimientos. El dolor esta siempre, tanto física como psicologicamente, pero el que de verdad duele, es el que deja una marca para siempre, una marca imborrable y invisible, es el psicológico. Así que en conclusión, espero, y es lo que creo, haber hecho bien al conservar los ases, en vez de jugar-mela por conseguir los reyes. Siempre tendré los ases junto a mi.


Oscar Palenque Garcia

miércoles, 23 de abril de 2008

Presa de sus lágrimas

Sollozos y lágrimas de sangre salían ahogadas de dentro de ese lavabo. Anaïs se hallaba dentro de la bañera en posición fetal, con el agua ardiendo cayéndole encima. Notaba como su cuerpo, ahora ya no virginal por los acosos sufridos, se iba limpiando con cada gota, como si el agua pudiera hacer que mudara de piel cual serpiente.

De golpe ella escuchó sus pasos pisando cada vez más fuerte. En su andar se leía rabia, dolor, furia, maldad… Algo golpeó la puerta. Era él, estaba golpeándose de cabeza con la puerta, se había vuelto loco, una vez más…

-Cariño, ¡abre-me la puerta! ¿no querrás que me cabree? Si sólo quiero hacer las paces. No he sido yo, ha sido el alcohol…

No hacía más que poner escusas para negar su locura. Ella no respondía. No escuchaba, simplemente oía como las gotas golpeaban su suave piel como un murmullo de fondo que atormentaba su mente, a la vez que un pitido fatídico se le metía en el cerebro a modo de frase de suplicación que se le repetía: Lo siento, lo siento, lo siento… No pudo aguantar más el tormento, exhaló aire y dejó volar un grito angustioso que le puso los pelos de punta incluso a su agresor, también llamado, por los que no lo conocen, novio.

Al poco rato, cuando el baño ya estaba inundado de agua teñida de rojo, sonó una sirena de fondo. Una vecina había llamado a los servicios de seguridad, a la ley, a los “buenos”, a la policía.

De repente una pequeña explosión se escuchó dentro del piso. Entraron los Geos y parecía que hubiera pasado un vendaval. La tele en el suelo, las sábanas rojizas tiradas por todas partes, jarrones y cojines desparramados por el piso y rotos en mil pedazos. Oyeron un disparo y acudieron corriendo. La siguiente imagen que recuerdan es la de un hombre, ya no tan joven, con barba, en calzoncillos, tirado en el suelo, con una pistola en la mano y un agujero en el cráneo. A su espalda una puerta cerrada, llena de arañazos y de golpes. La abrieron pero ya era demasiado tarde. Anaïs se hallaba dentro de la bañera, con los ojos abiertos, mirando hacia el cielo, pero con la cabeza sumergida en el agua. La boca abierta. El pelo flotando como si de un ángel se tratara. Una imagen escalofriante.

La sacaron del agua, querían revivirla. Boca-boca, presión en el pecho, el agua en sus pulmones, ahora por su tráquea. Toda. Sacó toda el agua junto con sangre y la comida de aquel día. Una sirena de fondo, luces blancas, y muchas voces es lo único que ella recuerda. Todo lo demás sucedió en el hospital. Estaba viva, había sobrevivido a aquella fiera, y pese a todo, de algún modo, había escapado de sus garras.

Una nueva vida le aguardaba ahora. A sus diecisiete años aún tenía mucho por delante, y una cosa tenía clara, no volvería a ser presa de nadie. Nadie.


Oscar Palenque Garcia

[ St. Jordi, 2008, 1r premio prosa ]

martes, 22 de abril de 2008

¿Santo consumo?

Aquella rosa impregnada de alcohol fue su último recuerdo. Sus pétalos desteñidos por el vodka eran acariciados por las lágrimas azuladas desprendidas de su interior. Yacía sobre el escritorio, destruida por el desdeñado consumismo. Ya no era amor, ya no era sentimiento, ya no era ella. La tradición se había convertido en un simple lujo ajeno a los realmente enamorados de la vida. Los verdaderos románticos apoderados del tópico carpe diem dejaban caer carcajadas sobre los anuncios del dia. Románticos actuales que al cerrar los ojos crean un mundo de fantasía real, y que omniscientes a todo no se quejan de la historia que les ha sido escrita desde natos. Suntuosamente intentan extraerle todo el meollo y disfrutar cada segundo, no desgraciado, para actuar en una realidad ficticia ante las burguesas internacionales.


Oscar Palenque Garcia

martes, 1 de abril de 2008

Viatge imprevist

Veus, crits. Música de fons, rialles. Beguda y més beguda. “Va, no siguis marica i beu-te’l de cop!”. Una veu al meu cap. No puc més, tinc son, deixa’m anar a casa! Un altre got a la meva mà. Acte reflex, l’alcohol cremant la meva gola. La bilis suavitza l’escalfor. No puc més,em caic, però el meu cos sent la música i es mou sol. Tot passa molt apresa. Un grup de nois al meu costat. He que feu? “te, en vols una?” una pastilla? Que dius? No, no, clar que no. “Va te veu una mica del meu got”. Un escalfo hem recorre el cos des dels peus fins al cap, començo a tremolar i a ofegar-me. No puc més, obro més els ulls però tot esta negra. Unes llums es mouen al fons. Camino cap a elles, necessito il·luminar el camí! “eh que fa? Agafeu-lo! Esta trencant els focus! Es tallarà!” De cop un riu fred per les meves mans… Ansietat al meu voltant. Felicitat al meu interior. La terra, sota el meu cos amortiu la caiguda i fa que reboti fins que el meu anima arriba al cel. Ara tot te llum. Ho veig tot, però no hi ha res. Només el meu record en els seus cors… Mai tornaré a beure... Mai tornaré a confiar... Mai tornaré a viure...


Oscar Palenque Garcia

domingo, 2 de marzo de 2008

Sueños deshilachados

Una vez soñé que era la libertad. Volaba sin rumbo sobre el océano esperando a ser encontrada, esperando a ser llamada.

Una vez soñé que era libre. Que los barrotes desaparecían, y que las cadenas y las ataduras se convertían en ceniza. La misma ceniza que al despertar atormentaba mi mente por volver a ver el diminuto zulo en el que en realidad me hallaba.

Una vez soñé que era tú. Estaba en las manos de un joven escritor de sentimientos y mis ojos lloraban al ver sus palabras y producían mas tinta, haciendo que su mente diera rienda suelta a su corazón.

Una vez soñé que eras tú la que me entendía y ayudaba a matar mis gritos de socorro ante una realidad tan agobiante y prisionera. Al despertar mi alivio fue aún mayor al ver tu cajita de madera reposando en mi escritorio.

Una vez soñé que soñaba en un sueño donde los sueños se hacían realidad.

Una vez soñé que no podría volver a soñar. Los sueños no existían y los muros derribados se alzaban en pie y gritaban.

Una vez soñé que te convertías en oxido y que tu tinta ya no tendría amiga. La volqué sobre el
papel y la acaricie con la yema de mis dedos mientras la cercaba a mi cara.

Una vez soñé que podía volar, y queriendo reencarnarme en mi primer sueño fui volando sobre el océano buscando la soledad.

Una vez soñé que la soledad estaba sola, y en su amargura no hacía más que llorar mientras la libertad reía.


Oscar Palenque Garcia

sábado, 16 de febrero de 2008

TEMPUS FUGIT

Pétalos de rosa que duelen como puños.
Puñaladas que acarician como nieve.
Nieve que mata como el frio.
Frio que derriba tus sentidos.
Sentidos con pocos sentimientos.
Sentimientos aparentes e incoherentes y omisos.
Sentimientos inecsistibles.
Sentimientos inexpugnables.
Sentimientos insentibles…
Todo. Todo esto y más pasa desapercibido por una mente insensata e ingrata.
Todo sigue siendo igual a aquella antigua cigüeña incapaz de emprender el vuelo sin ti.
Todo esto y más siguen sin ser un problema innegociable.
Nueva ave hallada que hace emprender el vuelo la cigüeña y rescatar sus metas.
Todo esto y más ya no sigue igual.
Cambios, continuidades, lujos y desechos rondan por las calles inconscientemente.
La era del consumismo sentimental ha llegado.
Hay remedio? Tal vez si esa pequeña cigüeña empezara a pensar y sentir conjuntamente.
Mientras tanto el tiempo pasa y la vida sucede.
La vida sucede contigo mi querida cigüeña.


Oscar Palenque Garcia

lunes, 28 de enero de 2008

¿Locura o serenidad?

Tin – Tin - Tin. Aquella campada era el ultimo adiós. El ultimo beso. El ultimo suspiro. El ultimo momento. El ultimo pensamiento. El ultimo grito. La ultima mirada. La ultima sensación... El tren acababa de salir. Ya no la volvería a ver. Por unos segundos aquella campana penetro en mi mente y se apodero de ella. Solo escuchaba el eco de su sonido irritable. Tan agudo, tan insoportable. Paró. Vi como desaparecía a lo lejos de aquel oscuro túnel. No quedaba nadie en la estación. Todos habían cogido aquel último tren con dirección a la coherencia. Me estaba volviendo loco. El tintineo empezó a resonar de nuevo cada vez con más exageración. Cuando no pude aguantar más me tire al suelo. Empecé a golpearme la cabeza, la cara, la boca, los dientes. Escupí tres dientes y en la cabeza tenia una brecha enorme que no paraba de sangrar. Pero el ruido había desaparecido. Ahora en la más profunda soledad y locura, me eche a reír sin poder parar, era una risa diabólica. No se porque me salió así pero me alegre. Me alegre porque no estaba llorando como siempre. Talvez mi locura había desvariado y convertido el llanto en risa. El dolor en placer. Y la soledad eterna en gloria bendita.


Oscar Palenque Garcia

jueves, 24 de enero de 2008

Algo le hizo abrir los ojos aquella noche de invierno. Los focos del estadio le iluminaban los ojos y le cegaban casi por completo. Estaba en medio del estadio. Tan solo se escuchaba el viento golpeando los miles de asientos vacíos. La lluvia empezó a caer cada vez con más intensidad y formo un estruendo de relámpagos, que junto con aquel viento esplendoroso formo una terrorífica y fría melodía. Su cara cortada por el frío, era cada vez más pálida. Por sus mejillas empezaron a caer lágrimas, que dejaban un hilo de fuego por su camino. El recuerdo empezó de nuevo a quemarle la cabeza. Su cuerpo se zarandeaba, no podía estar quieto, el dolor le podía. Era un impulso mayor a su fuerza. Empezó a saltar, dar vueltas sobre si mismo, hasta que no pudo soportar más y grito... Aquel berrido resonó en todo el estadio. La lluvia paro y el viento disminuyo su potencia. En unos segundos todo había desaparecido. No había dolor, no había nada. Su mente en blanco. Se había ido. Ahora a solas en cuerpo, mente y alma, cayó de rodillas y se echo a llorar, sin fin. Sin dolor. Sin nada...


Oscar Palenque Garcia

domingo, 20 de enero de 2008

El gran dilema

La vida..., ¿porque? A veces tenemos que tomar unas decisiones importantes, y sin ser conscientes de ello nos acobardamos. Pensamos que si tomamos la decisión verdadera, talvez, eso haga que todo cambie para bien al principio, pero cuando pasa el tiempo y echas de menos esas circunstancias anteriores te replanteas si no tendrías que haberlo enfocado desde otro punto de vista, o si ya, radicalmente, no tendrías que haberte precipitado. Pero si no te arriesgas y dejas que todo siga igual, también te puedes haber equivocado. Vale, nadie dijo que la vida fuera fácil, pero, es en estos momentos, en estas decisiones, donde verdaderamente se esconde la felicidad.

Últimamente he aprendido que si todas las circunstancias siguen igual, las consecuencias serán las mismas. No puedes quedarte quieto esperando a que todo mejore, tienes que ira por ello y insistir, y luchar, luchar por lo que de verdad quieres. Pero si luchas e insistes demasiado también se pueden sobrecargar las consecuencias. Si quieres que las cosas mejoren tendrás que hacer algún cambio bueno en las circunstancias, aunque solo sea algún pequeño detalle. En los detalles esta la perfección. Y bueno, mientras millones de personas intentar resolver este dilema, digamos que esta partida de ajedrez en la que no existe vencedor, intentare cambiar esos pequeños detalles para no solo mejorar las circunstancias, también para sentirme más a gusto conmigo mismo ( simultáneamente a estos detalles, intentemos disfrutar de las consecuencias que nos han tocado. Simplemente, CARPE DIEM...).


Oscar Palenque Garcia

martes, 8 de enero de 2008

Vida nueva

Aunque en mi interior el tiempo no transcurriera, las caras de esos niños con bufanda y con las mejillas rojas por el frió, la tímida nieve q llovía del cielo, y la noche oscura, me hacían creer que hoy, era la noche de reyes. Cientos de luces iluminaban mi camino, pero todas iban a parar al mismo punto. Siempre acababa siendo lo mismo... NO! no podía dejar que todo siguiera igual. Empecé a correr huyendo del pasado y de todas las luces. Ahora solo un camino existía en mi mente. La luna mi estrella, mi guía. Quería olvidarlo todo. Recordar el vacío. Cerrar los ojos, y no buscar tu sonrisa. Ni enredarme en tu pelo, como aquel entonces. No. Ya no. Todo aquello había acabado, y yo, ahora seguía a mi guía, la luna mi estrella. Seguí corriendo, cada vez más y más a prisa, escuchaba pasos tras de mi, no, no podía ser! Era el, el arrepentimiento, me perseguía a pocos metros. Frene en seco, cerré los ojos y desaparecí. Me traslade a mi mundo, donde nadie ni nada podía hacerme daño. Simplemente la Luna, mi amiga. Y empecé a arrancar las paredes de mi mundo. La que tú pintaste con el rojo carmín de tus labios. Ya nada merecía estar allí. Solo yo. Yo y mi mundo, a solas. Y me tumbe en silencio a mirar la luna. Susurraba algo. Parecía que quería contarme algo, importante, solo a mí, pero yo desde aquí a bajo no podía oírla. Volví a cerrar los ojos, esta vez con más fuerza y ansia, no podía resistirme a sus tentadoras palabras, me arrancaba del suelo y me atraía con su canto de sirena. Me elevé entre las estrellas, caminaba entre ellas, las acariciaba, las mimaba, era una sensación impresionante. Me fui abriendo camino hasta la Luna, su corazón sonaba cada vez más y más fuerte, y retumbaba en mis tímpanos. Y de repente, una extraña fuerza me tumbo, y me encontré en el suelo. Tumbado en las baldosas de mi habitación. Sin ella. Y sin su canto. Todo se había hecho difuso. En el momento en que alargue el brazo para tocar su brillante piel y para oír lo que susurraba, todo se desvanecido. Como si hubiera intentado llegar a algo prohibido. Desde entonces nunca volví a ser el mismo. Las horas caían sobre mi cabeza como martillazos. Las palabras de todos aquellos cercanos a mi, penetraban por mi cabeza pero no por mis oídos, y mucho menos por mis sentimientos. La indiferencia, la soledad y la tristeza reinaban en mí mundo ahora. Habían resurgido de las sombras en las que las había apartado. Se habían escapado de aquella especie de caja de Pandora, para venir a por mí, ahora que mi protectora ya no estaba.

...Anónimos...

viernes, 4 de enero de 2008

Otra sensación ideal

Bum... Bum... Bum... Resuena en mi cabeza como campanadas del viento. El aire, espeso, semeja cuchillos que rasgan mi rostro y lo vuelven blanco como el vaho, inexpresivo. Mis labios, arrugados cual anciano. Mis orejas, rojas como la sangra latiente por mi interior. Mis ojos, mi mirada, mi única expresión. En ellos aún se rebela una luz, la luz de la esperanza. Ella ilumina el único camino inexpugnable, el único que me hace seguir adelante. Ya no tengo rostro. El frió se lo ha llevado con él, y ha secuestrado mi sentido más preciado junto a ti, el tacto.

Ya no siento ni padezco. Camino entre las sombras de la noche, escondido de la mirada de la Luna. No quiero que ella sepa que por mis mejillas la lluvia y las lágrimas se funden como el metal. Se hacen una sola.

El rompeolas, mi más preciado ídolo. Siempre duro y consistente ante las oleadas furiosas por su poderío. Me sumerjo en un sueño en el que solo yo rompo las olas, no hay normas, simplemente todos deseamos lo mismo. Caminamos por la calle como espectros de la noche. La soledad. Mi fiel amiga, solo me abandona cuando la sociedad lo dictamina. Celos por ti, hace que desaparezcas de mi vida sin dejar el más mínimo rastro visible. Pero yo aún te noto, siento tu piel, tu presencia, tu último aliento gozoso.

Ahora, en mi mundo, el real en mí, omnisciente a todo, te veo sentada en la ventana del recuerdo, ante la Luna, desvelando tu alma. Ante aquella Luna traicionera para todos, excepto para mi.


[En el mundo hay muchas lunas, encuentra la tuya y encontraras el posible camino a la felicidad. Solo el camino...]

Oscar Palenque Garcia