lunes, 28 de enero de 2008

¿Locura o serenidad?

Tin – Tin - Tin. Aquella campada era el ultimo adiós. El ultimo beso. El ultimo suspiro. El ultimo momento. El ultimo pensamiento. El ultimo grito. La ultima mirada. La ultima sensación... El tren acababa de salir. Ya no la volvería a ver. Por unos segundos aquella campana penetro en mi mente y se apodero de ella. Solo escuchaba el eco de su sonido irritable. Tan agudo, tan insoportable. Paró. Vi como desaparecía a lo lejos de aquel oscuro túnel. No quedaba nadie en la estación. Todos habían cogido aquel último tren con dirección a la coherencia. Me estaba volviendo loco. El tintineo empezó a resonar de nuevo cada vez con más exageración. Cuando no pude aguantar más me tire al suelo. Empecé a golpearme la cabeza, la cara, la boca, los dientes. Escupí tres dientes y en la cabeza tenia una brecha enorme que no paraba de sangrar. Pero el ruido había desaparecido. Ahora en la más profunda soledad y locura, me eche a reír sin poder parar, era una risa diabólica. No se porque me salió así pero me alegre. Me alegre porque no estaba llorando como siempre. Talvez mi locura había desvariado y convertido el llanto en risa. El dolor en placer. Y la soledad eterna en gloria bendita.


Oscar Palenque Garcia

jueves, 24 de enero de 2008

Algo le hizo abrir los ojos aquella noche de invierno. Los focos del estadio le iluminaban los ojos y le cegaban casi por completo. Estaba en medio del estadio. Tan solo se escuchaba el viento golpeando los miles de asientos vacíos. La lluvia empezó a caer cada vez con más intensidad y formo un estruendo de relámpagos, que junto con aquel viento esplendoroso formo una terrorífica y fría melodía. Su cara cortada por el frío, era cada vez más pálida. Por sus mejillas empezaron a caer lágrimas, que dejaban un hilo de fuego por su camino. El recuerdo empezó de nuevo a quemarle la cabeza. Su cuerpo se zarandeaba, no podía estar quieto, el dolor le podía. Era un impulso mayor a su fuerza. Empezó a saltar, dar vueltas sobre si mismo, hasta que no pudo soportar más y grito... Aquel berrido resonó en todo el estadio. La lluvia paro y el viento disminuyo su potencia. En unos segundos todo había desaparecido. No había dolor, no había nada. Su mente en blanco. Se había ido. Ahora a solas en cuerpo, mente y alma, cayó de rodillas y se echo a llorar, sin fin. Sin dolor. Sin nada...


Oscar Palenque Garcia

domingo, 20 de enero de 2008

El gran dilema

La vida..., ¿porque? A veces tenemos que tomar unas decisiones importantes, y sin ser conscientes de ello nos acobardamos. Pensamos que si tomamos la decisión verdadera, talvez, eso haga que todo cambie para bien al principio, pero cuando pasa el tiempo y echas de menos esas circunstancias anteriores te replanteas si no tendrías que haberlo enfocado desde otro punto de vista, o si ya, radicalmente, no tendrías que haberte precipitado. Pero si no te arriesgas y dejas que todo siga igual, también te puedes haber equivocado. Vale, nadie dijo que la vida fuera fácil, pero, es en estos momentos, en estas decisiones, donde verdaderamente se esconde la felicidad.

Últimamente he aprendido que si todas las circunstancias siguen igual, las consecuencias serán las mismas. No puedes quedarte quieto esperando a que todo mejore, tienes que ira por ello y insistir, y luchar, luchar por lo que de verdad quieres. Pero si luchas e insistes demasiado también se pueden sobrecargar las consecuencias. Si quieres que las cosas mejoren tendrás que hacer algún cambio bueno en las circunstancias, aunque solo sea algún pequeño detalle. En los detalles esta la perfección. Y bueno, mientras millones de personas intentar resolver este dilema, digamos que esta partida de ajedrez en la que no existe vencedor, intentare cambiar esos pequeños detalles para no solo mejorar las circunstancias, también para sentirme más a gusto conmigo mismo ( simultáneamente a estos detalles, intentemos disfrutar de las consecuencias que nos han tocado. Simplemente, CARPE DIEM...).


Oscar Palenque Garcia

martes, 8 de enero de 2008

Vida nueva

Aunque en mi interior el tiempo no transcurriera, las caras de esos niños con bufanda y con las mejillas rojas por el frió, la tímida nieve q llovía del cielo, y la noche oscura, me hacían creer que hoy, era la noche de reyes. Cientos de luces iluminaban mi camino, pero todas iban a parar al mismo punto. Siempre acababa siendo lo mismo... NO! no podía dejar que todo siguiera igual. Empecé a correr huyendo del pasado y de todas las luces. Ahora solo un camino existía en mi mente. La luna mi estrella, mi guía. Quería olvidarlo todo. Recordar el vacío. Cerrar los ojos, y no buscar tu sonrisa. Ni enredarme en tu pelo, como aquel entonces. No. Ya no. Todo aquello había acabado, y yo, ahora seguía a mi guía, la luna mi estrella. Seguí corriendo, cada vez más y más a prisa, escuchaba pasos tras de mi, no, no podía ser! Era el, el arrepentimiento, me perseguía a pocos metros. Frene en seco, cerré los ojos y desaparecí. Me traslade a mi mundo, donde nadie ni nada podía hacerme daño. Simplemente la Luna, mi amiga. Y empecé a arrancar las paredes de mi mundo. La que tú pintaste con el rojo carmín de tus labios. Ya nada merecía estar allí. Solo yo. Yo y mi mundo, a solas. Y me tumbe en silencio a mirar la luna. Susurraba algo. Parecía que quería contarme algo, importante, solo a mí, pero yo desde aquí a bajo no podía oírla. Volví a cerrar los ojos, esta vez con más fuerza y ansia, no podía resistirme a sus tentadoras palabras, me arrancaba del suelo y me atraía con su canto de sirena. Me elevé entre las estrellas, caminaba entre ellas, las acariciaba, las mimaba, era una sensación impresionante. Me fui abriendo camino hasta la Luna, su corazón sonaba cada vez más y más fuerte, y retumbaba en mis tímpanos. Y de repente, una extraña fuerza me tumbo, y me encontré en el suelo. Tumbado en las baldosas de mi habitación. Sin ella. Y sin su canto. Todo se había hecho difuso. En el momento en que alargue el brazo para tocar su brillante piel y para oír lo que susurraba, todo se desvanecido. Como si hubiera intentado llegar a algo prohibido. Desde entonces nunca volví a ser el mismo. Las horas caían sobre mi cabeza como martillazos. Las palabras de todos aquellos cercanos a mi, penetraban por mi cabeza pero no por mis oídos, y mucho menos por mis sentimientos. La indiferencia, la soledad y la tristeza reinaban en mí mundo ahora. Habían resurgido de las sombras en las que las había apartado. Se habían escapado de aquella especie de caja de Pandora, para venir a por mí, ahora que mi protectora ya no estaba.

...Anónimos...

viernes, 4 de enero de 2008

Otra sensación ideal

Bum... Bum... Bum... Resuena en mi cabeza como campanadas del viento. El aire, espeso, semeja cuchillos que rasgan mi rostro y lo vuelven blanco como el vaho, inexpresivo. Mis labios, arrugados cual anciano. Mis orejas, rojas como la sangra latiente por mi interior. Mis ojos, mi mirada, mi única expresión. En ellos aún se rebela una luz, la luz de la esperanza. Ella ilumina el único camino inexpugnable, el único que me hace seguir adelante. Ya no tengo rostro. El frió se lo ha llevado con él, y ha secuestrado mi sentido más preciado junto a ti, el tacto.

Ya no siento ni padezco. Camino entre las sombras de la noche, escondido de la mirada de la Luna. No quiero que ella sepa que por mis mejillas la lluvia y las lágrimas se funden como el metal. Se hacen una sola.

El rompeolas, mi más preciado ídolo. Siempre duro y consistente ante las oleadas furiosas por su poderío. Me sumerjo en un sueño en el que solo yo rompo las olas, no hay normas, simplemente todos deseamos lo mismo. Caminamos por la calle como espectros de la noche. La soledad. Mi fiel amiga, solo me abandona cuando la sociedad lo dictamina. Celos por ti, hace que desaparezcas de mi vida sin dejar el más mínimo rastro visible. Pero yo aún te noto, siento tu piel, tu presencia, tu último aliento gozoso.

Ahora, en mi mundo, el real en mí, omnisciente a todo, te veo sentada en la ventana del recuerdo, ante la Luna, desvelando tu alma. Ante aquella Luna traicionera para todos, excepto para mi.


[En el mundo hay muchas lunas, encuentra la tuya y encontraras el posible camino a la felicidad. Solo el camino...]

Oscar Palenque Garcia