Tin – Tin - Tin. Aquella campada era el ultimo adiós. El ultimo beso. El ultimo suspiro. El ultimo momento. El ultimo pensamiento. El ultimo grito. La ultima mirada. La ultima sensación... El tren acababa de salir. Ya no la volvería a ver. Por unos segundos aquella campana penetro en mi mente y se apodero de ella. Solo escuchaba el eco de su sonido irritable. Tan agudo, tan insoportable. Paró. Vi como desaparecía a lo lejos de aquel oscuro túnel. No quedaba nadie en la estación. Todos habían cogido aquel último tren con dirección a la coherencia. Me estaba volviendo loco. El tintineo empezó a resonar de nuevo cada vez con más exageración. Cuando no pude aguantar más me tire al suelo. Empecé a golpearme la cabeza, la cara, la boca, los dientes. Escupí tres dientes y en la cabeza tenia una brecha enorme que no paraba de sangrar. Pero el ruido había desaparecido. Ahora en la más profunda soledad y locura, me eche a reír sin poder parar, era una risa diabólica. No se porque me salió así pero me alegre. Me alegre porque no estaba llorando como siempre. Talvez mi locura había desvariado y convertido el llanto en risa. El dolor en placer. Y la soledad eterna en gloria bendita.
Oscar Palenque Garcia
lunes, 28 de enero de 2008
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