domingo, 2 de marzo de 2008

Sueños deshilachados

Una vez soñé que era la libertad. Volaba sin rumbo sobre el océano esperando a ser encontrada, esperando a ser llamada.

Una vez soñé que era libre. Que los barrotes desaparecían, y que las cadenas y las ataduras se convertían en ceniza. La misma ceniza que al despertar atormentaba mi mente por volver a ver el diminuto zulo en el que en realidad me hallaba.

Una vez soñé que era tú. Estaba en las manos de un joven escritor de sentimientos y mis ojos lloraban al ver sus palabras y producían mas tinta, haciendo que su mente diera rienda suelta a su corazón.

Una vez soñé que eras tú la que me entendía y ayudaba a matar mis gritos de socorro ante una realidad tan agobiante y prisionera. Al despertar mi alivio fue aún mayor al ver tu cajita de madera reposando en mi escritorio.

Una vez soñé que soñaba en un sueño donde los sueños se hacían realidad.

Una vez soñé que no podría volver a soñar. Los sueños no existían y los muros derribados se alzaban en pie y gritaban.

Una vez soñé que te convertías en oxido y que tu tinta ya no tendría amiga. La volqué sobre el
papel y la acaricie con la yema de mis dedos mientras la cercaba a mi cara.

Una vez soñé que podía volar, y queriendo reencarnarme en mi primer sueño fui volando sobre el océano buscando la soledad.

Una vez soñé que la soledad estaba sola, y en su amargura no hacía más que llorar mientras la libertad reía.


Oscar Palenque Garcia