sábado, 22 de noviembre de 2008

La muerte de Dios

La niebla, el vaho, y el humo de mi cigarro hacían un contraste casi lírico. Mientras el tren pasaba volando en llamas sobre mi, dejando atrás un cielo rojizo de otoño, solo un pensamiento rondaba por mi cabeza. Me quedaban pocos minutos de vida, había perdido el tren al infierno y tendría que ir al cochambroso y desnutrido cielo. Suerte que aun tenía en mi poder la paloma negra. Solo necesitaba ensuciar de mis farsas a un alma pura y caritativa, hasta volverla negra como el azufre y llenarla de oscuros pensamientos y malversaciones. Tiré el cigarro y eche a volar en busca de Dios...
Oscar Palenque Garcia

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