Todo empezó una noche cualquiera. No había luna llena, ni caían cometas y yo no estaba en buenas condiciones, ni mucho menos. Hacía una semana de la muerte de mi abuela, eso quería decir que me había quedado solo en el mundo. Ni siquiera podía decir que mis amigos me estaban ayudando a superarlo, ya que hacía años que no sabia que eran los amigos.
Esa noche me había planteado ir al bar del fin del mundo y beber hasta perderme entre tapas de váter y esquinas oscuras. Tan solo me había bebido el segundo whisky cuando una voz hablo a mi espalda " los problemas de la vida no se solucionan con la bebida ". Iba a girarme para hacer que se largara, pero al girarme me encontré con un fondo de muchedumbre y humo. Al bajar la mirada pude verla, allí, sentada en su silla de ruedas. Ni siquiera le conteste, me gire y pedí otro whisky. Me lo bebí de un trago, y al volver a girarme ella había desaparecido. Al cabo de una hora y 8 whiskys me encontraba besando la tapa del váter. Hacía mucho que no tenia una sensación más agradable. No recuerdo haber salido del local y mucho menos como llegue a casa, solo recuerdo haber abierto los ojos un segundo y encontrarme sentado sobre alguien y desplazándome a la vez.
Al despertarme a la tarde siguiente tenia 6 llamadas y un mensaje en mi contestador. Todas pertenecían al mismo número. Como era de esperar lo borre todo. Incluido su número. Ni siquiera me digne a escuchar el mensaje...
Oscar Palenque Garcia
lunes, 12 de enero de 2009
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